29 de agosto de 2017

KANAGAWA (RESEÑA)


Devir nos trae este precioso juego familiar diseñado por Bruno Cathala (ha cogido carrerilla este señor) y Charles Chevallier (Abyss, Antarctica entre otros).
El juego propone partidas de 2 a 4 jugadores en donde deberemos pintar el lienzo más bonito posible. Vamos a ver que esconde este bonito familiar con aires de "Coloretto".


Maestro Hokushai
En 1840 el maestro Hokushai decidió fundar una escuela de pintura en Kanagawa. El motivo fue simple, compartir sus conocimientos.
Y aquí es en donde se sitúan los jugadores, ¿os convertiréis en maestros de la pintura japonesa?
Elige bien en que momento de la partida te quedas la fila de cartas correspondiente o te verás perjudicado en tu labor de confeccionar el lienzo más bonito (óptimo).
En cada ronda los jugadores adquieren cartas que pueden ser usadas de dos formas: pintar el lienzo o ampliar nuestro estudio.
En el estudio conseguimos los "colores" necesarios para pintar el lienzo. Cuando un jugador "pinta" 11 lienzos se termina la partida (o si se acaba el mazo de cartas).


Dualidad
Como acabamos de decir las cartas se pueden utilizar de dos formas:
Como lienzo: las situamos en la parte superior derecha de nuestra tablilla inicial. Así iremos creando un paisaje en el que destacarán 4 tipos de figuras: árboles, animales, personas y edificios.
Como estudio: todo pintor necesita pinceles y colores para pintar sus cuadros. Cada carta se puede utilizar para ampliar el estudio con más colores con los que poder pintar lienzos, más pinceles y otros bonus. Estas cartas se sitúan en la parte inferior derecha de la tablilla inicial. Es muy importante ampliar el estudio, ya que sin colores no podremos usar las cartas como lienzos, que es de lo que en realidad trata el juego.
Por lo tanto tenemos que ir encontrando un equilibrio entre colores que necesitamos en nuestro "estudio" para utilizarlo pintando "lienzos".

El lienzo conforma un precioso paisaje, cada imagen indica en su parte inferior que color necesitamos para
poder pintarlo y por lo tanto situar la carta en esta zona de juego. Cada lienzo otorga un pv al final de la partida.
En la zona inferior vamos ampliando el estudio. En él aumentamos nuestros colores, sobre los que hay que situar
las piezas de "pincel" para poder pintar los lienzos que deseamos. Además nos dan otros bonus como ser
primero en el turno o poder conservar una carta en la mano para usarla en otras rondas.

El arte de la paciencia
¿Pero cómo funciona el juego shérif? vamos a ello.
"Kanagawa" se apoya fuertemente en la mecánica que implementó el excelente "Coloretto", aunque la varía ligeramente.
En cada turno se desvelan tantas cartas como jugadores y se sitúan en el tablero de juego en columnas. Es decir, si hay 3 jugadores habrá 3 columnas.
Ahora por turnos los jugadores deciden si se quedan una de esas columnas o pasan.
Me quedo la columna: elige una columna cualquiera de cartas y sitúalas en tu zona de juego, como "lienzo" o como "estudio". Dejas de jugar esta ronda.
Paso: no coges nada, pero continúas en la ronda.
Si sigue habiendo jugadores que NO han cogido cartas (han pasado), se vuelven a desvelar tantas cartas como jugadores quedan en la ronda y se sitúan en las columnas de cartas que haya aún en juego.
De este modo, si pasas, podrás llevarte más cartas posteriormente, pero te arriesgas a que otro jugador se quede la columna de cartas que quieres y al final te quedes con las cartas que no te vienen bien.
Una dinámica de juego sencilla y muy efectiva, pero que a 2 jugadores pierde bastante fuelle.

Las cartas se sitúan en el tablero de juego. Sobre los recuadros "rojos" se sitúan boca abajo.
Logicamente es a 4 jugadores en donde se ocupan todas las columnas.

Cogiendo cartas, pintando lienzos
Lo más bonito de este juego es el modo tan efectivo que tiene de representar que estamos pintando cuadros, y si además le implementas un apartado artístico de excepción terminas de redondear el conjunto. "Kanagawa" es precioso, tanto en mesa como en su concepto de juego.
La cosa es sencilla. Tenemos de base 2 tokens de "pincel" (unas fichas muy chulas) que se utilizan para colocar sobre los "colores" que tenemos a nuestra disposición (en el estudio). Empezamos con un color en nuestro estudio (azul, negro, verde o amarillo), si cogemos una carta cuyo lienzo requiere usar el color azul, solo tenemos que situar uno de nuestros "pinceles" sobre el color azul (que debemos tener en nuestro estudio) para poder "pintar" el lienzo y situarlo en la parte superior de nuestro "tablero".
Si no tenemos el color que requiere el lienzo estamos obligados a situar la carta como "estudio", lo que suele darnos más colores y "pinceles".
Además, al tener solo 2 pinceles estamos limitados al número de lienzos que podríamos pintar en cada ronda, por eso es importante conseguir "pinceles" extra durante la partida.

En este ejmplo vemos como el lienzo requiere dos colores azules, el jugador coloca sus dos pinceles sobre esos colores,
que por suerte los tiene en su estudio.

El camino del artista
¿Entonces el juego va de pintar a lo loco? no vaquero, para eso están las losetas de "diploma".
El objetivo del juego es ser el que más puntos consigue pintando "lienzos" y ampliando el "estudio". Para que esta premisa sea interesante y tenga cierta toma de decisiones tenemos los "diplomas", que no son más que objetivos que alcanzar y que otorgan puntos de victoria extra muy suculentos. Realmente la salsa del juego.
Hay "diplomas" para cada elemento de juego: árboles, animales, edificios, personas, pinceles conseguidos etc.
De cada elemento hay de entre 2 a 3 tablillas que escalan en dificultad. Por ejemplo, de "árboles" tenemos 3 tablillas, unas por tener 3 árboles pintados (3 pv), otra por tener 4 (4 pv) y otra por tener 5 (7 pv).
La gracia está que cuando un jugador alcanza un objetivo puede reclamarlo y coger el diploma o pasar para reclamar uno más potente después. Pero cuidado, porque si pasas de reclamar un diploma en concreto ya no podrás conseguirlo después, y debes saber además que de cada elemento sólo podrás reclamar un diploma. Es jodido decidir cuando estás en pugna con otro jugador y alcanzas un objetivo, ¿paso para alcanzar el siguiente? ¿y si mi rival lo alcanza antes que yo y me quedo sin diploma? Esta mecánica genera cierta tensión y resulta más efectiva cuantos más jugadores haya en mesa. Otro de los detalles por los que a 2 jugadores pierde fuerza.

Una muestra de los diplomas existentes

Arte japonés
En cuanto a componentes volvemos a encontrarnos ante un título creado en Francia, los chicos de "Iello" saben lo importante que es la apariencia de un juego y consiguen que sus juegos entren por los ojos desde el primer momento. Claro, esto deriva en mayor número de ventas.
"Kanagawa" es uno de los juegos más bonitos que he visto en los últimos años, Jade Mosch nos regala una apariencia limpia y bellamente ilustrada con acuarela. Además se denota mimo en cada componente, el tablero a modo de mantel japonés y las piezas de "pincel" consiguen un conjunto único en componentes.
Me quito el sombrero en este aspecto, chapó.

"Kanagawa" se nos presenta con una apariencia cautivadora y un concepto de juego perfectamente implementado. Es cierto que las sensaciones generales son las de estar consiguiendo "sets" de elementos para reclamar los diplomas, pero el como lo llevas a cabo te recuerda continuamente que estas pintando cuadros. "Me falta azul para pintar esto, quizás debería ampliar mi estudio y conseguir otro pincel". La temática se respira en todo momento, y eso me ha gustado mucho (yo que vengo de las bellas artes).
En cuanto a nivel de diseño funciona bastante rápido, los entreturnos apenas existen aunque si te vas rápido de la ronda te tocará ver jugar al resto.
La mecánica de los diplomas te mantiene continuamente tomando pequeñas decisiones. Además tiene un par de elementos más que no hemos mencionado y que le añaden más chicha al conjunto: el orden de turno, pintar cuadros con la misma "estación" o que algunas cartas del mercado están boca abajo no hacen más que enriquecer el juego. Aunque de primeras reconozco que son demasiadas cosas para un juego de este tipo, lo cierto es que tras una partida se asimila todo bastante bien y no resulta complicado. Es, en mi opinión, un juego familiar con una capa extra que capta el interés de jugadores más expertos. Un "Coloretto vitaminado" (estabais deseando que lo dijese eh?).
A nivel de interacción y escalabilidad es en donde aparece su debilidad, y es que a dos jugadores pierde toda la chicha, tanto en el tema de los diplomas, como en el de elegir o pasar cartas y en que el mazo de cartas no cicla bien, se queda muy descafeinado. Es un juego que recomiendo sobre todo a 4 jugadores, que es en donde las cualidades del diseño brillan en todo su esplendor. A 3 jugadores aguanta bien el tirón y a 2 no me ha gustado nada.

VALORACIÓN FINAL
Por temática, componentes y mecánicas de juego es uno de los juegos familiares más redondos del último año. Muy recomendable.


"Temática bellamente representada"
"Una pena que pierda fuelle a 2 jugadores"
"Interacción sutil pero con mala leche, me gusta"

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